miércoles, 16 de febrero de 2011

El proyecto reformista ilustrado.

El siglo XVIII comienza con un cambio de dinastía en la monarquía española. La falta de heredero tras la muerte de Carlos II, pone fin a los Austrias y la corona cae en manos de la familia francesa de los Borbón. Comienza una nueva etapa.


Cuando el nuevo rey Felipe V llega a España, se encuentra con un país que comienza a crecer tras el agotamiento que supuso el esfuerzo económico por mantener un imperio mundial que se desmoronaba. El siglo XVIII confirmará que España se había convertido en una potencia de segundo orden, a pesar de los intentos de los Borbón españoles. Pero, aún quedaba el vasto territorio americano. La pérdida de influencia en el continente europeo hará girar la política hacia la protección de los intereses en América frente a la potencia naval inglesa que aspiraba a convertirse en la dueña y señora de los mares del mundo.


Fue un siglo de crecimiento, en el que el número de españoles se incrementó y aumentó la producción. La lucha por prosperar pondrá en jaque las viejas estructuras del Antiguo Régimen, donde la aristocracia vivía en sus casas de la ciudad la mayor parte del tiempo pero obtenía sus ingresos del campo. La España rural se dividía entre señores y campesinos. La alta nobleza y el clero monopolizaban la propiedad de las tierras y estaban exentos de impuestos. Una aristocracia rentista frente a un campesinado compuesto por jornaleros sin ninguna protección por parte del Estado y por pequeños campesinos dedicados a pagar arriendos, servicios y deudas. La desigualdad frenaba la economía y el ascenso social. Madrid no solo absorvía productos agrícolas sino también sus beneficios, rentas e impuestos sin dar nada a cambio en forma de inversión. Había que hacer reformas.


Los Borbón y sus ministros estaban decididos a reformar el país. La coyuntura económica era favorable y desde el reinado de Felipe V se pusieron los cimientos para un nuevo Estado español, para un Estado-nación moderno. La monarquía avanzará hacia el absolutismo y el centralismo para fortalecer su poder, adoptando una actitud más firme con la aristocracia y controlando a la Iglesia católica. Hubo una oportunidad de disminuir la desigualdad e incrementar la producción. En esta línea trabajaron una serie de ministros reformistas ilustrados con proyectos radicales de transformación que se encontraron con intereses muy poderosos lo que obligó a la Corona a echar marcha atrás.


Por otro lado, el intento reformista de sacar adelante la nave de la monarquía se centró siempre en la esperanza de lo cuantitativo más que en la atención a lo cualitativo. Casi siempre lo más importante fue obtener rápidamente suficientes recursos para que la maquinaria del Estado siguiera funcionando y para que pudiera hacerse frente a los dictados de la política exterior, con la salvaguarda de las colonias americanas en primer lugar.

En este contexto histórico situamos dos grandes hechos que cambiaron la historia de Las Tablas de Daimiel en el siglo XVIII: las obras de encauzamiento y desague de sus ríos en 1751 y la privatización de la Dehesa de Zacatena en 1763.

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